el barco tiene muy buen paso de ola y el roce del agua con el caso apenas se
deja sentir; en plena noche, más de una vez hemos percibido la presencia de
delfines solo por su respiración.
La quietud de fuera ayuda a la reflexión de dentro, que no siempre es fácil
porque las musarañas tienden a impedir que miremos, frente a frente, a los
ojos de uno mismo.
El Atlántico nos lo ha puesto muy fácil, nos ha rodeado con su inmensidad y
parece que nos dice: "Escoge qué parte de mi te gusta más y quédatela para
tí solo" Y allí tienes, a uno, en la proa, absorto; a otro, entrecerrados
los ojos, a popa, sintiendo el latir del corazón pausado; aquél, quizás,
simplemente duerme el último pensamiento, que ha debido ser dulce porque su
semblante sonríe plácidamente, o su ronquidos no dejan lugar a la duda.
Aquí el silencio no duele. Te sonríe, te mece, te susurra, te envuelve y te
llena.
CONDE









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